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viernes, mayo 04, 2012

AL FARO


Comprendo que es una cita muy larga, está tomada de Al faro, de Virginia Woolf, pero no he podido resistirme a transcribirla entera. Expresa la indecisión, el miedo a la responsabilidad, la tentación de dudar de lo que hacemos, la incertidumbre... Hace pensar.


El nerviosismo provocado por la presencia del señor Ramsay le había hecho equivocarse de pincel, y el caballete, clavado en el suelo con tanta agitación, no tenía la orientación adecuada. Una vez que hubo rectificado todo aquello y que, al hacerlo, dominó las cosas improcedentes e inoportunas que distraían su atención y que le hacían acordarse de quién era y de las relaciones que tenía con la gente, tomó posesión de su mano y alzó el pincel, que, por un momento, permaneció temblando en el aire, en un éxtasis doloroso pero estimulante. ¿Dónde tenía que empezar? Esa era la cuestión; ¿en qué punto daría la primera pincelada? Una línea trazada en el lienzo creaba innumerables riesgos, provocaba decisiones no por inevitables menos irrevocables. Todo lo que parecía simple en teoría, se convertía en complicado cuando se llevaba a la práctica; de la misma manera que las olas, aunque simétricamente distribuidas cuando se las ve desde lo alto del acantilado, están sin embargo separadas por profundos golfos y crestas espumeantes para el nadador que se debate entre ellas. Hay que correr el riesgo de todos modos; hay que dar la primera pincelada.
Con una curiosa sensación, sintiéndose empujada y retenida al mismo tiempo, adelantó el pincel, con rapidez y decisión, hasta apoyarlo sobre la tela. Un temblor marrón dejó sobre el lienzo blanco una señal en movimiento. Luego repitió el gesto una segunda y tercera vez. Mediante pausas y temblores alcanzó un ritmo de danza, como si las pausas fuesen una parte del ritmo y las pinceladas otra, ambas relacionadas; de ese modo, por medio de pausas y de pinceladas ligeras, rápidas, Lily cubrió el lienzo de nerviosas líneas marrones en movimiento que, apenas trazadas, encerraban un espacio (cuya importancia sentía crecer a cada momento). En el hueco de una ola veía la siguiente, alzándose cada vez más alta por encima de la primera. Porque, ¿qué podía ser más formidable que aquel espacio?  Allí estaba de nuevo, pensó, retrocediendo para mirarlo, apartada de las conversaciones intrascendentes, apartada de la vida, separada de la gente y en presencia de su antiguo y formidable enemigo personal: aquella otra cosa, aquella verdad, aquella realidad, que de repente se apoderaba de ella, que surgía desnuda por detrás de las apariencias y exigía su atención.  
Lily se sentía dispuesta y reacia a medias. ¿Por qué tenía siempre que quedarse sola y ser arrastrada? ¿Por qué no se la dejaba en paz, por qué no dedicarse a hablar con el señor Carmichael en el jardín? Se mirara como se mirase, se trataba de una relación agotadora. Otros objetos venerables se contentaban con la veneración; hombres, mujeres, Dios mismo, todos permitían que el fiel se postrara de rodillas; pero aquella realidad, aunque sólo se tratara de la forma de una pantalla blanca por encima de una mesa de mimbre, exigía un combate perpetuo, desafiaba a una confrontación de la que inevitablemente se salía derrotado. Antes de cambiar la fluidez de la vida por la concentración de la pintura, Lily pasaba siempre (no sabía si achacarlo a su manera de ser o si era consecuencia de su condición de mujer) por unos instantes de desnudez en los que parecía un alma non nata, un alma separada del cuerpo, que se debatiera en alguna cumbre ventosa, expuesta sin protección al azote de todas las dudas. ¿Por qué lo hacía entonces?
Contempló el lienzo levemente rayado por líneas en movimiento. Lo colgarían en los dormitorios de los criados. O lo enrollarían y acabaría debajo de un sofá. ¿Qué sentido tenía hacer aquello? Oyó una voz diciendo que no sabía pintar, diciendo que era incapaz de crear, como si estuviera atrapada en una de esas corrientes habituales que, al cabo de cierto tiempo, la experiencia forma en la mente, de manera que las palabras se repiten sin saber ya quién las dijo por vez primera.
No saben ni pintar ni escribir, murmuró monótonamente, meditando, inquieta, cuál debería ser su palabra de ataque. Porque los volúmenes se alzaban ante ella, sobresalían, sentía su presión en los ojos. Luego, como si ya hubiera segregado espontáneamente la sustancia necesaria para lubrificar sus facultadas, empezó, insegura, a mojar el pincel entre los azules y los ámbares, moviéndolo de aquí para allá, aunque ahora el trabajo resultaba más pesado y avanzaba más despacio, como si se acompasara con algún ritmo que Lily recibía al dictado (seguía contemplando el seto y el lienzo) de las cosas que veía, por lo que, si bien su mano se estremecía de vida, aquel ritmo era lo bastante constante fuerte para arrastrarla con él en su corriente. Y al mismo tiempo que perdía conciencia de las cosas exteriores, así como  de su nombre, su personalidad, y su aspecto, y de si el señor Carmichael estaba o no allí, su mente seguía arrojando a la superficie, desde lo más profundo, escenas, nombres, frases, recuerdos e ideas, como una fuente arroja líquido, sobre aquel resplandeciente espacio blanco, espantosamente difícil, mientras ella lo moldeaba con verdes y azules.

viernes, abril 27, 2012

PARECIA IMPOSIBLE


Beethoven, Bruckner, Dvorak, Schubert y otros grandes compositores murieron después de concluir su 9ª sinfonía. Nunca lograron escribir la décima. 
Mahler intento burlar esta maldición y a su 9ª sinfonía la llamó "La canción de la tierra". A continuación se dispuso a componer otra 9ª. Al poco de terminarla, pensó que la superstición estaba vencida y se lanzó a por la décima. No pudo concluirla.
La orquesta sinfónica del real Madrid sigue buscando en vano su décima copa de Europa. 
Esto es lo que acabo de leer en el blog de un amigo y genio.
A mi se me ocurre apostillar que no es verdad, que no hay maldición, solo que hay que seguir peleando hasta conseguirlo. Y esto en el fútbol y en todo 

lunes, enero 14, 2008

EL BLOG DE LA SUPERACIÓN


Comienzo el año con una noticia que es simpática y animante ya que muestra como cuando se lucha por superarse se consiguen las cosas aunque cueste y además engrandece los blogs y nos empuje a continuar escribiendo.
Se trata de una joven francesa llamada Anna Sam, cajera de supermercado en Rennes que se ha hecho famosa, siendo objeto de reportajes y entrevistas gracias a su Blog titulado “Cajera sin futuro”, que ha recibido unas 120 mil visitas. Anna comenzó a escribir su diario blog durante el mes de abril de 2007 un día en el que sintiéndose harta de su trabajo, se cansó de escuchar la frase de los clientes del supermercado: "debes estudiar, si no, acabarás como esta mujer" le decía una madre a su hija. Lo gracioso es que ella es licenciada en letras. Así, decidió Anna Sam convertirse en una especie de representante de las 170 mil cajeras de supermercado del país. ¿Las anécdotas? Bueno, no son nada especiales, pero en su blog podremos leer sobre sucesos como insultos recibidos por un cliente al quedarse ella sin bolas de plástico, o la expresión de sorpresa de la cara del cliente cuando suena la alarma porque ha intentado robar algo... o cosas más jugosas como peleas entre parejas acerca de ¿quién paga esto?. Ya llevaba en el empleo unos ocho años y según ella esto le había provocado una tendinitis, por lo que decidió abandonarlo e inscribirse en las listas de empleo. Al fin llegó el premio al esfuerzo: un editor de París quiere publicar sus experiencias narradas en el Blog.