martes, septiembre 04, 2012

PROHIBIDAS LAS CONVICCIONES


Lo he sacado de Análisis digital y creo que merece la pena. Es claro y no ataca a nadie, solo expone:


Jaime Rodríguez-Arana.Catedrático de Derecho Administrativo. Vivimos en un tiempo en el que ciertamente no está de moda expresar las convicciones que uno pueda tener, especialmente si con tales afirmaciones se ponen en cuestión algunas de las más acrisoladas afirmaciones de la nueva ortodoxia cívica. Es más, en nombre de la dictadura de lo políticamente correcto, si uno se atreve a opinar en contra de lo que la tecnoestructura ha definido como conveniente, adecuado o eficaz,  corre serios   peligros de ser etiquetado como peligro social, y en muchas ocasiones puede ser  expulsado del sistema. Incluso algunos paladines de esta nueva forma de pensamiento único se han atrevido a proponer la exclusión de  la vida política a quienes se salgan del carril de lo conveniente, de lo adecuado.
En términos generales, la desproporción reinante entre lo que se proclama, lo que se afirma y la realidad de las cosas, tal y como son, manifiesta una cierta esquizofrenia que, en mi opinión, no es más que la constatación del miedo a la verdad, del miedo a la razón y, sobre todo, del miedo a la libertad.
Por ejemplo, si uno afirma el derecho a la vida como derecho incondicional, siguiendo la tesis del profesor alemán Kriele, será tachado de intolerante. Si se le ocurre decir que el matrimonio es una institución configurada a lo largo de la historia con una determinada caracterización bien conocida por todos, será calificado de discriminador. Hasta si uno osa afirmar que la estabilidad del matrimonio es una condición para el  equilibrio y  la armonía social, enseguida habrá quien le diga que es un reaccionario. Y, en el colmo del disparate, quien entienda que los hijos son un bien social y, por tanto, una cuestión de interés general, puede encontrarse de inmediato convertido en un fascista o autoritario.

En mi opinión, lo que pasa es que hemos canonizado  la tolerancia, convirtiéndola no en medio sino en fin, y cuando esto ocurre, resulta que el respeto a otras opiniones o convicciones se convierte, como ha señalado Spaeman, un destacado filósofo germano, en no tener convicciones que hagan posible considerar equivocadas las opuestas. Y, por lo tanto, prohibidas las convicciones; pero sólo para algunos, porque está regla es una convicción también que, además de contravenir la argumentación, coloca a quienes la formulan en una posición de supremacía injustificable en una democracia.

Spaeman ha señalado recientemente que esta perspectiva de la tolerancia, que arrasa la dignidad del ser humano en cuanto que portador de derechos y libertades, trae consigo un dogmatismo intolerante del relativismo como cosmovisión predominante que convierte a la persona en sujeto disponible para cualquier tipo de imposición colectiva. Las convicciones no son posibles, salvo la única tolerable: que no puede haber convicciones. Y no puede haber convicciones o verdades, digámoslo claro, porque entonces se desvanecería el colosal imperio montado sobre la tolerancia del que no pocos viven opíparamente.

Así las cosas, es menester levantar la voz para que se facilite  el derecho a tener y expresar pacíficamente convicciones que, obviamente, estarán o no de acuerdo con una determinada manera de entender la vida,  pero que si  no atentan precisamente contra la dignidad del ser humana, son legítimas. Aunque gusten a muchos o a pocos, eso es lo de menos. Lo decisivo es que la libertad de pensamiento se pueda expresar, valga la redundancia, con libertad.  En el fondo, parece que preferimos los valores a los derechos fundamentales de la persona. Unos derechos fundamentales que como expresión y derivación de la dignidad del ser humano, no pueden lesionarse en su contenido esencial, que es el que los hace recognoscibles como tales. En cambio, los valores son conceptos más propicios a la subjetivación y, sobre todo, a una tarea de ponderación y contraste. Los valores pueden seleccionarse, pueden ser objeto de mercadeo, de transacción. Algo que es impensable con el derecho a la vida y con la libertad o la igualdad. Por eso hay tanto miedo a la fuerza y a la potencia de la dignidad del ser humano ínsita en el corazón y en el alma de los derechos fundamentales de las personas. Los valores se ponderan, se elige entre ellos. En cambio los derechos fundamentales de la persona son incondicionales.

Si los derechos fundamentales se concibieran de esta manera no perderían, como hasta ahora, los débiles: los que ni siquiera tiene todavía voz, los que están a punto de dejar de ser o los que son de manera limitada. Tampoco sufrirían tantos castigos y flagelos los más desamparados y los más desfavorecidos. Incluso la democracia actual dejaría de ser ese sistema dominado por una minoría que busca denodadamente, a través de las más arteras técnicas de manipulación, hacer creer al pueblo que gobierna para el interés general. Un interés general, por cierto, nunca tan susceptible de privatización como en este tiempo de lacerante crisis para las mayorías y de éxito sin precedentes para esas minorías que imponen la tolerancia de la que obtienen tan pingües beneficios. Un interés general que se despacha habitualmente sin apelación ala razón porque se piensa que su presupuesto es la fuerza de los votos.

Sí, vivimos en una democracia, pero en una democracia que debe fomentar más la libertad de las personas, que debe facilitar más la participación libre. Estamos en una democracia que debe colocar, sin prejuicios, a la persona en el centro y pensar en cómo educar mejor a los niños y  propiciar  un espacio público más abierto, más libre, más plural, en el que quepan todas las opciones legítimas, que son muchas y muy variadas.

Si no cambiamos el rumbo de las cosas, seguiremos instalados en ese rancio relativismo del prohibido prohibir, en ese ambiente camaleónico que prima el todo vale, y en ese sutil vaciamiento de los más elementales aspectos que configuran la centralidad de la condición humana. Mientras sigamos anclados en este ambiente, la minoría rectora que impone esa peculiar tolerancia y ese singular pluralismo seguirá dictando lo conveniente y eficaz, no lo olvidemos, para sus intereses, tantas veces expresados en formas de dígitos de muchas unidades, decenas, centenas, millares….

miércoles, julio 11, 2012

El bosón de Higgs no es “la partícula de Dios”


 El bosón de Higgs explica que otras partículas tengan masa y, por tanto, que en el universo se hayan formado cuerpos, pero eso no es “crear” Pocas veces los medios de comunicación se vuelcan de forma intensa y masiva en el análisis y difusión de una noticia relacionada con un descubrimiento hecho en el campo de la física cuántica. Sin embargo, la cosa cambió el miércoles 4 de julio, cuando los portavoces de los experimentos CMS y ATLAS (llevados a cabo en el Gran Colisionador de Hadrones o LHC del CERN en Ginebra) anunciaron en Melbourne (Australia), durante la inauguración de la Conferencia Internacional de Física de Altas Energías, que probablemente habían descubierto el bosón de Higgs.

Desde que en los siglos VI y V a.C. los filósofos presocráticos se preguntaran por el origen del universo y por la composición de la materia, la mente humana no ha dejado de intentar responder racionalmente a estas cuestiones. El primer tercio del siglo XX vio nacer un nuevo paradigma cosmológico, la teoría del Big Bang, que, gracias a sus múltiples revisiones, continúa siendo el modelo explicativo que responde a la primera de las dos cuestiones. Quedaba la segunda.

Para estudiar la estructura de la materia se construyeron los grandes aceleradores de partículas. La proliferación de éstas en cada colisión desbordó las previsiones de los científicos. Para poner orden en este maremágnum, a principios de los setenta se propuso el modelo estándar, con el que se pretendía explicar cuáles eran los componentes de la materia y las fuerzas con las que interactúan (electromagnética, nuclear fuerte, nuclear débil y gravitatoria). Todas las partículas propuestas por el modelo fueron descubiertas a lo largo de las siguientes décadas; la última de ellas ha sido el renuente bosón de Higgs.

Quizá el bosón de Higgs ayude a aclarar grandes incógnitas aún pendientes, como la matera oscura, que es casi la cuarta parte del universo

Esta partícula, postulada por Peter Higgs en 1964, es de capital importancia, puesto que es, según el modelo, la que confiere masa a las otras partículas en el seno del campo de Higgs (un océano de energía cuántica que ocuparía todo el universo), posibilitando con ello la existencia de cuerpos. De ahí que en 1993 el premio Nobel Leon Lederman la llamara “la partícula de Dios” en un libro titulado justamente así (The God Particle). Pero no hay que tomar la metáfora al pie de la letra: la partícula que es condición para que haya un universo con cuerpos, en vez de un puro plasma de radiación, no “crea de la nada”.

Los bosones de Higgs confieren masa a una partícula en función de la capacidad de interacción de la partícula con el campo de Higgs. Un fotón no interactúa con el campo de Higgs, por lo que carece de masa. Un electrón sí interactúa, por lo que adquiere masa; también el quark top, y con una intensidad 350.000 veces mayor, por lo que tiene una masa 350.000 veces mayor que el electrón. Así, la masa de una partícula sería en realidad la intensidad con la que actúa con el campo de Higgs.

En palabras de Brian Greene, doctor en física por la Universidad de Oxford y profesor de física y matemáticas en la de Columbia, quedaría pendiente de resolver una cuestión: “No hay ninguna explicación fundamental para la manera exacta en que cada una de las partículas conocidas interacciona con el campo de Higgs. En consecuencia, no hay ninguna explicación fundamental de por qué las partículas conocidas tienen las masas concretas que se han mostrado experimentalmente” (B. Greene, El tejido del cosmos; Crítica, Madrid, 2006, p. 338).

Aunque este hallazgo respalda el modelo estándar, todavía queda mucho camino por recorrer. Por ejemplo, está pendiente el hallazgo del gravitón (la partícula encargada de transportar la gravedad y sobre la que cunde el escepticismo) o la unificación de las cuatro fuerzas fundamentales, algo no conseguido hasta la fecha por teoría alguna. De todos modos, el descubrimiento del bosón de Higgs supone un avance científico de tal magnitud que sus consecuencias son todavía difíciles de prever. Nos ha de llevar a nuevos horizontes en el ámbito del conocimiento de la realidad física, en donde la materia explicada por el modelo estándar es solo un 4% de todo lo que hay en el universo. Otro 23% lo representa la materia oscura (tal vez, el hallazgo del bosón de Higgs nos ponga en el camino de su conocimiento) y el 73% restante la energía oscura, esa misteriosa fuerza que hace que el Universo se esté expandiendo de forma acelerada.

sábado, julio 07, 2012

SIEMPRE LO MISMO

Este país nuestro se empeña en negar sus raíces cristianas, ¿qué nos sostendría si no fuera por ellas?. Paco Sanchez, certero como siempre:

Desde las laderas de San Pedro de Sintra se ve todo el valle hasta Lisboa, y anoche, en el Tajo, se había instalado una luna enorme, baja y anaranjada, sobre la que discurrían nubes negras que iban transformando su aspecto, hasta que llegó una, que cubrió el casquete, acompañada por otra más pequeña y baja. De pronto la luna parecía tener peluquín y bigote. Me reí. Ha sido una semana de mucho reír.
Los periódicos aquí dicen las mismas cosas que en España: la misma caída de ventas de coches, las mismas discusiones sobre recortes, todo igual. Salvo que hace un par de días se descubrió que el ministro Relvas había hecho la carrera completa en un año y desde su despacho. Impresionante. Y salvo las noticias sobre el Códice Calixtino y el bosón de Higgs, que vienen en los periódicos limpias de comentarios como los que han proliferado en España.
Nadie destaca aquí -quizá, porque se demostró falso- que el ladrón del Códice fuera hombre de misa y comunión diarias, mientras que en nuestro país ha dado pie a comentarios de un sectarismo delirante. Como el bosón, que nadie contrapone aquí a ninguna verdad cristiana, mientras que en los medios españoles ha propiciado una cháchara absurda en la que algunos, en nombre de la razón, reivindican un origen irracional de la humanidad: no hay, dicen, ninguna inteligencia, ningún orden racional en los comienzos del mundo, y gracias a nuestra inteligencia y a nuestra razón -salidas no se sabe de dónde- lo estamos descubriendo. La contradictoria cháchara hispana, que demuestra una ignorancia angustiante y un rencor aburrido que deberíamos mirarnos.

miércoles, junio 27, 2012

sábado, junio 23, 2012

TOLERANTES VOLTERIANOS


Voltaire dedica todo el capítulo 8º de su Tratado sobre la tolerancia a alabar el espíritu tolerante del pueblo romano. Cuando llega la hora de hablar de la crueldad de las persecuciones contra los cristianos, lo justifica (aparte de señalar que el número de los mártires no fue tan elevado como suponen los católicos, un curioso argumento) diciendo que fueron los cristianos quienes violentaron el culto tradicional, y que por tanto son ellos los verdaderamente intolerantes. Y que como intolerantes que eran, fueron justamente reprimidos de modo intolerante.
En otro momento, refiriéndose a Japón, justifica la atroz persecución contra los jesuitas en ese país, diciendo que los japoneses practicaban en su imperio doce religiones pacíficamente, y llegaron los jesuitas queriendo introducir la decimotercera. Y hablando sobre una situación similar en China, dice que "es verdad que el gran emperador Tont-Ching, el más sabio y magnánimo, quizá, que haya habido en China, ha expulsado a los jesuitas, pero no porque fuese intolerante, al contrario: porque los jesuitas lo eran".
Una y otra vez sale a relucir una intolerancia visceral hacia todo lo católico. A la hora de justificar la intolerancia, suele presentar precisamente casos en que es ejercida contra los católicos. Y cuando se trata de poner ejemplos de atropellos y de actitudes intolerantes ridículas, suelen aparecer siempre católicos como culpables de ellas.
Cuando habla sobre la discriminación de los católicos ingleses, comenta: "Yo no digo que los que no profesan la Religión del Príncipe (o sea, los que no son anglicanos) deban compartir los puestos y los honores con quienes profesan la religión dominante (los anglicanos). En Inglaterra, los católicos (...) no tienen acceso a los empleos públicos, y pagan el doble de impuestos, pero por lo demás gozan de todos los derechos de los ciudadanos". Es un consuelo –habría que decirle– que solo les hagan pagar el doble de impuestos, y que al menos les permitan vivir, aunque sin muchas facilidades para el empleo.
Como se ve con solo estos pocos ejemplos, la idea de que "hay que ser intolerante con el intolerante" es para Voltaire una patente de corso que le permite justificar actitudes intolerantes que difícilmente aprobaría un observador sensato.
Un eficaz artificio con el que el intolerante suele disfrazarse de hombre tolerante: él mismo juzga quién es el intolerante y qué castigo merece recibir en nombre de "su" concepto de tolerancia.
En los siglos anteriores, la intolerancia había sido cierta y lamentablemente frecuente en la historia, pero hasta entonces nadie se había atrevido a ejercer esa intolerancia en nombre de la mismísima tolerancia.
Este artículo de A. Aguiló no será si será aceptado por los tolerantes de boquilla.

miércoles, junio 20, 2012

LOS CLÁSICOS SIGUEN ENSEÑANDO

Me han enviado esta cita de Cicerón. No puedo dar la fuente porque no la se. Sin embargo es muy ciceroniana.

"El presupuesto tendrá que estar equilibrado, el tesoro tendrá que volver a llenarse, la deuda pública se tendrá que reducir, la arrogancia de la burocracia tendrá que ser atemperada y controlada y la ayuda a las tierras extranjeras tendrá que eliminarse para que Roma no entre en la bancarrota. 
El pueblo debe otra vez aprender a trabajar en vez de vivir de la asistencia pública"

viernes, junio 08, 2012

EXIGENCIA Y FALTA DE COMPRENSIÓN


WhatsApp dispone de un sistema que permite al usuario saber si su mensaje ha sido entregado o no en destino: al lado izquierdo de los mensajes enviados aparece un pequeño reloj cuando el texto no ha sido aún entregado, una marca verde si ha llegado a los servidores de la compañía proveedora del servicio y espera para ser enviado al dispositivo de la persona a quien se lo queremos hacer llegar, y una doble marca también verde si ya ha sido entregado.
Esta última señal no significa que el mensaje haya sido leído, si no simplemente que ha sido entregado al usuario de destino. Este puede encontrarse enfrascado en otros quehaceres y sin dar atención a su teléfono (por lo que no verá el mensaje entrante), con el terminal en silencio o, simplemente, lo ha leído pero no quiere o no puede responder inmediatamente.

Este significado, que debería parecer claro para la mayoría, no lo era tanto para un numeroso grupo de usuarios que consideraban que, si al lado del mensaje enviado salía la doble marca, la respuesta no podía tardar mucho en llegar y, con tal premisa, se permitían exigir a sus destinatarios una respuesta rápida.
Tal ha sido el grado de confusión que, finalmente, este ha llevado a la compañía a "twetear" en su cuenta oficial de microblogging una explicación breve (esto último, obligado por la propia naturaleza del medio) de lo que debe entenderse cuando nos sale el símbolo de la doble marca al lado de un mensaje, y que ello no implica que haya sido leído. Como corolario, es lógico que si no tenemos la seguridad que haya sido leído, tampoco podemos exigir respuesta.
Personalmente, veo en el hecho de que WhatsApp se haya tenido que explicar, una muestra clara de hacia donde va nuestra sociedad en términos de exigencia a los demás y de falta de comprensión. Hay que ganar en paciencia, en calma, en pensar en los demás, en no tener la soberbia de querer que nos contesten inmediatamente y que nos atiendan dejando todo lo que estén haciendo. Estamos en una sociedad de niños y de viejos, que son siempre impacientes y quieren que lo suyo sea inmediato.